La Azotea: «Nos hemos quitado capas de maquillaje hasta sonar a nosotros»

Hay bandas que parecen nacer de un día para otro y luego están las que llevan años construyéndose en silencio, como si estuvieran buscando una forma concreta de sonar y también de vivir todo esto. La Azotea es un poco eso: una banda que viene de mucho antes de sus canciones, de amistades largas, de locales de ensayo, de dudas y de seguir adelante incluso cuando parecía más fácil parar.

Ahora, en plena nueva etapa tras grabar en Londres junto a Brett Shaw y mientras empiezan a enseñar canciones como “Inmortal” o “Miura”, da la sensación de que el grupo por fin ha dejado de intentar parecer algo para simplemente sonar a ellos mismos.

Y justo desde ahí nace esta conversación. No tanto para hablar de música, sino de todo lo que hay detrás cuando cinco amigos deciden ir hacia delante sin demasiado maquillaje.

Para empezar suave… ¿Cómo es un día real en vuestra vida ahora mismo cuando no hay escenario de por medio?

Nuestros días son normales, cada uno acude a su trabajo cada día, limpios y puntuales. Algunos en la banda tienen trabajos de oficina y otros, curros con más flexibilidad, y entre esas circunstancias La Azotea avanza. Los días en los que ensayamos son iguales pero más largos, ya que solemos empezar sobre las 20h, cuando todos han aportado ya a la sociedad.

Hay algo bonito en vuestra historia: lleváis años juntos antes de que todo empezara “de verdad”… ¿Recuerdas algún momento de esa etapa en el que pensasteis “esto puede no salir” pero aun así seguisteis?

Claro, todos los días durante un tiempo. Luego volvimos a creer en lo inevitable.

Vuestras canciones hablan mucho del presente, de ese “ahora o nunca”… ¿Os costó llegar a esa forma de ver la vida o es algo que siempre habéis tenido dentro?

Creo que esas canciones, en concreto las que conforman el primer disco No Existe Otro Momento y que como bien dices contienen mensajes de ese tipo, son producto precisamente de ese momento vital en la banda en que se alinean las circunstancias y los integrantes y vemos que es el momento de realmente meterle todo lo que tenemos. Quizá esa energía ya existía dentro pero desde ese momento dejamos que nos guiara en el camino.

“Miura” tiene algo muy visceral, casi de ir hacia delante sin pensar demasiado… ¿En qué momento personal estáis ahora para que salga una canción así?

Pues en un momento Miura. Un momento en que vamos hacia delante de forma honesta y decidida, sin gastar demasiado tiempo ni energía en cálculos en el discurso o reacciones externas, y teniendo siempre en mente quiénes somos y quiénes son los nuestros, para saber dónde volver cuando la cruzada nos lleva lejos de casa. jaja

“Inmortal” es justo lo contrario: más íntima, más de refugiarse… ¿Os costó abrir ese espacio más vulnerable después de toda la energía de esta nueva etapa?

No. Esa energía es real de un momento concreto, y aunque sea “más vulnerable” o suene más íntima, lo que guarda en común con las demás canciones es la claridad y la honestidad de su mensaje, del texto.

Empezasteis con un sonido más pop y habéis ido hacia algo más crudo. ¿Eso también refleja un cambio personal vuestro, más allá de la música?

Más que un cambio personal, es una limpieza. Nos hemos quitado algunas “capas de maquillaje” que sentíamos que lo único que conseguían era atenuarnos a nosotros. Nos hemos quedado con lo inevitable, como cuando te quedas en pelotas enfrente del espejo, ahí está la verdad y sentíamos que nos estaba costando que las canciones tuvieran esa identidad, la nuestra.

Ahora es la primera vez que realmente sentimos que sí, suenen mejor o peor las canciones, suenan a nosotros: a Álvaro, Jorge, Camacho, Pablo y Pirri y al sonido que se produce cuando tocamos juntos en el mismo espacio-tiempo.

Me gusta imaginar esos ensayos en Getafe. ¿Cómo es una tarde allí? ¿Más risas o más discusiones?

Más risas. A veces demasiadas y nos volvemos a casa sin las canciones niqueladas.

Habéis tomado decisiones difíciles como cambiar la formación. ¿Qué aprendisteis de esos momentos en los que hay que priorizar el proyecto aunque duela?

Aprendes a tomar decisiones que no puedes evitar. Hay momentos que, o tomas la decisión o la cosa se va a tomar por culo, y ahí aprendes a distinguir si esto que hacemos es una broma, un rollo de pasarlo bien y tal, o si realmente tenemos respeto y amor por las canciones y los compis. Cuando haces esa distinción en tu cabeza, te diría que esas decisiones son relativamente sencillas.

Vuestra idea de “Young Power” suena a algo más que música… ¿Qué significa realmente para vosotros?

Ajjajajjaaajaj es una especie de código interno. Pablo, el guitarrista, es un tío muy fino y hubo una época en la que su contestación favorita para momentos de cualquier tipo era “potencia joven Adama Traoré”, que es un futbolista que es un puto miura. Nos hacía tanta gracia que se quedó como arenga, frase interna.

De ahí se redujo a POTENCIA JOVEN y a veces por fliparnos un poco decimos YOUNG POWER, porque en inglés suena de puta madre, como un slogan carismático.

Álvaro, tu conexión con Japón es algo muy vuestro. ¿Sientes que hay algo de esa cultura en tu forma de enfrentarte a la música o al escenario?

No sé, nunca lo he pensado. Me gustaría pensar que el espíritu samurai me da la serenidad, el coraje y la honestidad necesarias para enfrentarnos a esto, como a Fernando Alonso.

Cuando estáis en directo y todo el mundo canta… ¿Hay algún instante en el que os paráis a pensar “esto está pasando de verdad”?

Sí, eso es acojonante. En concreto el último bolo en Plaza Mahou la gente cantó a lo bestia “Inmortal”, uno de nuestros últimos sencillos, y eso fue un momento de decir “hostia…, algo pasa”.

Habéis construido una comunidad bastante fiel, de la que me siento parte. ¿Recordáis algún mensaje o momento con un fan que os haya dejado tocados de verdad?

Por decir el último, el otro día en Marilians Records vendimos y firmamos unos 50 vinilos de “Marina d’Or” y nos pareció ridículo. Algunos nos contaban que nos habían descubierto por esa canción y que según se habían enterado de la movida habían venido. Luego la peña no cabía en el lugar para escuchar el acústico. Creo que como no esperábamos tanto movimiento, la sorpresa fue gorda.

Madrid aparece mucho en vuestro universo. ¿Qué tiene la ciudad que no se puede explicar pero sí cantar?

Como dices, no se puede explicar.

Yo creo que como cualquier lugar geográfico, Madrid tiene eso que sientes y que es parte de ti si eres de aquí, o si llevas aquí mucho tiempo. La gente madrileña es de todos lados y eso sí diría que es un aspecto característico de la ciudad y sus gentes. Cualquiera puede llegar a sentirla propia aunque no haya nacido en ella. Y eso que no se puede explicar quizá no está en cosas concretas, sino entre ellas. Por eso es más fácil darle forma en una canción, una pintura, una fotografía…

Después de tantos años juntos, seguro que hay roces. ¿Cuál es ese pacto no escrito que hace que sigáis siendo banda cuando las cosas se tensan?

No hay ningún pacto, solamente una amistad y vivencias que preceden a La Azotea.

Si pudierais hablar con vosotros mismos hace 10 años, en esas primeras tardes tocando por casa… ¿Qué os diríais?

Qué malos sois. Y que la cerveza Steinburg es una puta mierda, no bebáis de eso.

Más allá de la música, ¿qué os da paz ahora mismo? Algo pequeño, cotidiano.

Que humanamente, como colegas, estamos en nuestro mejor momento.

¿Tenéis algún sueño que no tenga nada que ver con llenar salas o festivales?

Llegar al poder ejecutivo de España.

Y para cerrar, cuando todo esto pase, conciertos, discos, ruido… ¿Cómo os gustaría que os recordaran?

Como la mejor banda de la historia, solo detrás de los Beatles y Nil Moliner.

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