The Rolling Stones vuelven a sacar disco en 2026 y, sinceramente, a estas alturas ya no sé si hablar de regreso, de resistencia o directamente de cabezonería gloriosa. Porque cuando una banda fundada en 1962 anuncia un nuevo álbum de estudio y todavía consigue que medio mundo se ponga a mirar una portada partida en Instagram como si fuera una pista del Cluedo, algo raro —y bastante bonito— sigue pasando.
El nuevo disco de The Rolling Stones se llamará Foreign Tongues y, salvo cambio de última hora, llegará el 10 de julio de 2026. Será su primer álbum de estudio desde Hackney Diamonds, aquel disco de 2023 que muchos recibimos con una mezcla de curiosidad, respeto y ese miedo inevitable a que una leyenda vuelva solo para recordarte que el tiempo también puede ser cruel.
Pero no. Los Stones no volvieron como postal antigua. Volvieron haciendo ruido. Y ahora, con Foreign Tongues, la sensación es todavía más interesante: no parece un gesto nostálgico, sino una nueva forma de decir “seguimos aquí”. Y lo dicen con arrugas, con colmillos, con un marketing raro y con guitarras que todavía parecen tener barro bajo las uñas.
Foreign Tongues: el nuevo disco de The Rolling Stones ya tiene nombre y fecha
La noticia es clara: The Rolling Stones han confirmado Foreign Tongues como su nuevo álbum de estudio. La banda ha ido soltando pistas durante semanas, jugando con mensajes enigmáticos, publicaciones por partes y una imagen que unía rasgos de Mick Jagger, Keith Richards y Ronnie Wood en una especie de collage grotesco, divertido y muy de ellos.
Y aquí hay algo que me gusta bastante (¿se me nota que soy publicista?). Porque podrían anunciar un disco nuevo con una nota de prensa solemne, cuatro fotos en blanco y negro y la típica frase de “la leyenda continúa”. Pero no. Han preferido montar un pequeño misterio digital, casi gamberro, como si todavía les divirtiera jugar con el público.
Eso, para mí, importa. Porque una banda veterana puede seguir viva de dos maneras: repitiendo la liturgia o manteniendo la curiosidad. Y los Rolling Stones, al menos en esta previa, han elegido lo segundo.
El detalle de The Cockroaches: los Stones todavía saben jugar
Uno de los movimientos más llamativos de esta nueva etapa ha sido el uso del alias The Cockroaches. Bajo ese nombre apareció Rough And Twisted, un adelanto en vinilo limitado que se distribuyó en tiendas independientes y se agotó rápidamente.
La idea tiene gracia porque no intenta esconder del todo quién está detrás. Es más bien un guiño para fans, una broma privada hecha pública, una forma de recordar que los Stones siempre han tenido algo de banda de carretera, de pandilla sospechosa, de gente que entra en un bar y parece que acaba de inventar el rock aunque lleve seis décadas haciéndolo.
En una época en la que casi todo lanzamiento viene calculado al milímetro para sonar viral, lo de The Cockroaches tiene algo más sucio, más físico, más de “si lo pillas, lo pillas”. Y eso encaja muy bien con una banda que nunca ha necesitado parecer perfecta para resultar enorme.
Una genialidad, si me preguntan.
Después de Hackney Diamonds, la pregunta ya no es si pueden volver
Cuando salió Hackney Diamonds, la gran pregunta era si The Rolling Stones todavía podían publicar un disco que no sonara a trámite. Y la respuesta fue bastante clara: sí podían. No hacía falta pedirles una revolución, pero sí un disco con pulso, personalidad y canciones capaces de defenderse sin vivir únicamente de la leyenda.
Por eso Foreign Tongues llega en un contexto diferente. Ya no se trata tanto de comprobar si los Stones siguen siendo capaces de hacer un disco digno. Eso ya lo demostraron. Ahora la pregunta es otra: ¿qué quieren contar después de haber demostrado que aún pueden seguir mordiendo?
Y aquí es donde el título me parece sugerente. Foreign Tongues puede leerse de muchas formas: lenguas extranjeras, idiomas ajenos, voces que no terminas de entender, maneras nuevas de comunicarse cuando el mundo ha cambiado demasiado… No sabemos todavía cuánto de eso estará realmente en las canciones, pero el título ya deja una puerta abierta.
Y los buenos títulos hacen eso: no te lo explican todo, pero te dejan mirando un poco más.
La edad, el rock y esa obsesión nuestra por jubilar a los demás
Con The Rolling Stones siempre pasa algo curioso. Cada vez que anuncian algo nuevo, aparece la misma conversación: la edad, la retirada, si hace falta, si no hace falta, si deberían parar. Como si el rock tuviera fecha de caducidad y alguien hubiese decidido que, llegado cierto punto, lo correcto es sentarse en una butaca y mirar álbumes de fotos.
Pero quizá el problema es nuestro. Tal vez nos incomoda ver a gente mayor haciendo ruido porque nos obliga a admitir que la energía no siempre tiene que parecer joven. Que el deseo de crear no desaparece porque el DNI pese más. Que una guitarra en manos de Keith Richards no necesita pedir permiso para seguir sonando.
No digo esto desde la mitificación ciega. También hay regresos innecesarios, discos que no aportan nada y artistas que parecen vivir atrapados en su propio homenaje. Pero los Stones, incluso cuando juegan con su leyenda, siguen transmitiendo una cosa muy concreta: ganas.
Y las ganas, en la música, se notan enseguida. Se notan cuando una banda no sale solo a cumplir. Se notan cuando todavía hay una chispa de peligro, aunque sea más elegante, más controlada o más consciente de sí misma. Y después de haberles visto en Madrid y París en su gira ‘Sixty’ de 2022 (sí, yo también me fui de gira), os puedo asegurar que siguen sobrados de esto.
Por qué Foreign Tongues importa en 2026
Foreign Tongues importa porque no es solo “otro disco de The Rolling Stones”. Importa porque nos recuerda que la historia del rock no está cerrada mientras sus protagonistas sigan escribiendo capítulos nuevos. Y sí, podemos debatir si esos capítulos estarán a la altura de los clásicos. Seguramente no todos lo estarán. Es injusto exigirle a cualquier disco nuevo que compita con canciones que llevan décadas metidas en la memoria colectiva.
Pero ese no debería ser el único baremo.
A veces un disco nuevo de una banda histórica no tiene que destruir su pasado ni superarlo. Tiene que dialogar con él. Tiene que demostrar que todavía hay una conversación posible entre lo que fueron y lo que son. Y eso, en el caso de The Rolling Stones, ya tiene bastante valor.
Porque hablamos de una banda que ha sobrevivido a modas, cambios de industria, pérdidas, excesos, memes, generaciones enteras y a esa costumbre tan humana de dar por muerto todo lo que lleva demasiado tiempo vivo.
The Rolling Stones y el extraño lujo de seguir esperando algo
Lo más potente de esta noticia no es solo que The Rolling Stones sacan nuevo disco en 2026. Lo más potente es que todavía nos importa. Que todavía hay gente pendiente de una pista, de una portada, de un riff de unos segundos, de un vinilo escondido bajo otro nombre.
Eso no se compra con campañas de marketing. Se construye durante años, canciones, conciertos y momentos que cada persona guarda a su manera.
Quizá por eso me cuesta mirar Foreign Tongues con cinismo. Claro que hay industria. Claro que hay estrategia. Claro que hay negocio. Pero también hay algo más sencillo: una banda gigantesca, viejísima en el mejor sentido, que sigue entrando al estudio y diciendo “vamos a probar otra”.
Y esa frase, aunque parezca pequeña, contiene buena parte de lo que hizo grande al rock.
Conclusión: que sigan hablando en lenguas ajenas si les da la gana
No sé si Foreign Tongues será un gran disco. No sé si tendrá una canción que se quede con nosotros durante años o si acabará siendo una pieza más en una discografía imposible de abarcar. Eso lo sabremos cuando llegue el 10 de julio.
Lo que sí sé es que me gusta que The Rolling Stones sigan molestando un poco a la lógica. Que sigan anunciando discos cuando muchos ya les habrían colocado una placa conmemorativa. Que sigan jugando con alias, portadas extrañas y adelantos que parecen salir de otra época.
Porque el rock, cuando está vivo, no siempre suena perfecto. A veces suena terco. A veces suena arrugado. A veces suena como una banda que no tiene ninguna necesidad de demostrar nada y, aun así, vuelve a enchufar los amplis.
Y bendita sea esa manía.




