Harry Styles All The Time. Disco, Occasionally.

Hay momentos en el pop en los que todo parece un poco… plano. Canciones que funcionan, artistas que venden, pero falta esa sensación de que algo interesante está pasando. Y justo ahí es cuando aparece un disco nuevo de Harry Styles. No es casualidad que cada vez que vuelve genere conversación: porque, te guste más o menos, siempre da la sensación de que intenta mover el tablero del pop mainstream.

Con Kiss All The Time. Disco, Occasionally, su cuarto álbum en solitario, la promesa parecía clara: un giro hacia terrenos más bailables, más electrónicos, quizá incluso más cercanos al mundo del dance. El título ya lo insinuaba, medio en broma, medio en serio. Pero al escucharlo con calma —de esos discos que pones una tarde tranquila mientras cae la luz por la ventana— la sensación que queda es curiosa: Harry parece querer acercarse a la pista de baile… pero sin terminar de meterse del todo.

De ídolo pop a artista con identidad propia

Si echamos la vista atrás, lo interesante de la carrera en solitario de Harry Styles es que cada disco ha tenido una personalidad muy marcada. Su debut en 2017 era casi una carta de presentación clásica, con guitarras muy presentes y una clara intención de demostrar que podía ser algo más que una estrella pop salida de One Direction. Después llegó Fine Line, que para muchos sigue siendo su momento más brillante: un disco enorme, lleno de canciones que todavía hoy siguen funcionando como himnos.

Con Harry’s House en 2022 el giro fue diferente. Más minimalista, más elegante, más centrado en el detalle que en el espectáculo. Y ahora este nuevo trabajo intenta dar otro paso más, acercándose a texturas electrónicas, sintetizadores suaves y un tipo de ritmo que parece pensado para balancearse más que para saltar.

De hecho, mucha gente que se acerca al disco se hace más o menos la misma pregunta: ¿es realmente un disco de música dance? La respuesta corta sería que no exactamente. Hay elementos electrónicos, sí, pero el álbum se mueve más en un terreno híbrido entre el pop elegante, el indie y algunos guiños muy suaves a la pista de baile.

Un disco que mira al indie tanto como al pop

Escuchando el álbum entero hay algo que llama bastante la atención: sus influencias. En varios momentos se percibe una cercanía muy clara con el sonido de bandas del circuito indie que llevan años explorando ese territorio entre el pop y la electrónica. Incluso hay detalles vocales donde Harry adopta un estilo más ligero y conversacional que recuerda a Vampire Weekend. 

También hay momentos que evocan cierto espíritu new wave, con estructuras rítmicas y arreglos de sintetizador que podrían hacer pensar en un concierto de LCD Soundsystem, una de las bandas que inspiran el sonido de su nuevo disco. No es que el disco copie esos sonidos directamente, pero sí se nota que Harry ha estado escuchando mucho ese tipo de música en los últimos años.

El resultado es un álbum que suena bastante limpio, bastante elegante, pero que a veces parece quedarse en un punto intermedio entre dos mundos: el pop masivo que Harry domina perfectamente y el universo indie del que parece querer absorber ideas.

Las canciones que mejor explican el disco

Hay varios momentos del álbum que ayudan a entender bien qué está intentando hacer Harry Styles aquí. Por ejemplo, Aperture, que funciona como carta de presentación de esta nueva etapa, apuesta por un ritmo pausado y una progresión bastante lineal que parece diseñada más para marcar atmósfera que para convertirse en un gran single explosivo. No es una canción que vaya a prender fuego a una pista de baile, pero sí define el tono del disco desde el principio.

Un poco más adelante aparece Ready, Steady, Go!, uno de los temas donde el álbum sí muestra más pulso. Aquí las baterías suenan más vivas, el bajo tiene más presencia y el estribillo levanta ligeramente el vuelo gracias a una pared de sintetizadores bastante efectiva. No es una locura electrónica, pero sí un momento donde el disco parece acercarse más a esa idea de movimiento que promete el título.

Curiosamente, una de las canciones que mejor funcionan es una de las más tranquilas. The Waiting Game baja el ritmo y se convierte en una especie de balada íntima con guitarras suaves y sintetizadores muy atmosféricos. Aquí Harry canta casi en susurro y la canción respira de una forma que no aparece tanto en otras partes del disco.

Y luego está Pop, que probablemente sea el tema con más potencial de hit. Tiene ese tipo de melodía que se te queda en la cabeza después de escucharlo dos veces y un aire sensual que recuerda ligeramente a la energía juguetona de Watermelon Sugar. Si alguien se pregunta por dónde empezar a escuchar el disco, seguramente esta canción sea una buena puerta de entrada.

Lo que funciona especialmente bien

Hay algo que Harry Styles sigue haciendo mejor que muchos artistas de su generación: entender cómo funciona una buena canción pop. Incluso en un disco que no siempre encuentra su dirección del todo, aparecen melodías muy bien construidas y momentos donde la producción se vuelve realmente agradable de escuchar.

Además, cuando el álbum se relaja y deja espacio a la voz y a las emociones —como ocurre en algunas baladas— Harry demuestra que tiene una sensibilidad especial para ese tipo de canciones que parecen pequeñas conversaciones cantadas.

Las dudas que deja el disco

Al mismo tiempo, es inevitable sentir que el álbum podría haber sido un poco más valiente. En una época donde la música electrónica y el pop experimental están viviendo momentos muy interesantes, este disco a veces da la impresión de quedarse en la superficie de esas ideas sin profundizar demasiado en ellas.

Hay canciones que apuntan a algo muy interesante… pero se quedan a medio camino. Y quizá por eso surge otra pregunta bastante natural cuando uno termina de escucharlo: ¿es este su disco más sólido? Probablemente no. En comparación con Fine Line o incluso con algunos momentos de Harry’s House, este álbum se siente más como una exploración que como una declaración definitiva.

¿Qué significa este disco dentro de su carrera?

Lo interesante de Kiss All The Time. Disco, Occasionally es que parece un álbum de transición. No redefine completamente el sonido de Harry Styles, pero sí deja entrever hacia dónde podría ir en el futuro. Es como si estuviera probando nuevas texturas, nuevas formas de escribir canciones y nuevas maneras de acercarse al pop contemporáneo.

Y eso, en el fondo, también tiene su valor. Porque hay artistas que cuando encuentran una fórmula que funciona se quedan ahí para siempre, repitiendo el mismo disco una y otra vez. Harry, en cambio, sigue buscando.

Así que la pregunta final es bastante sencilla: ¿merece la pena escuchar este disco? Sí, sobre todo si te gusta seguir la evolución de uno de los artistas pop más influyentes de su generación. Quizá no sea su obra más redonda, pero tiene suficientes momentos interesantes como para dedicarle una escucha tranquila.

Ahora la pelota está en tu tejado: ¿te ha convencido este nuevo disco o te ha dejado con ganas de algo más?

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