¿Y si escuchar un disco fuera más parecido a entrar en un ritual que a darle al play? Alicia Nurho abre esa puerta con “Lumen Novum”, su tercer álbum, una obra que no se limita a sonar… sino que se despliega como una experiencia completa, casi como si cada escucha fuera distinta según el momento en el que llegas a ella.
Un disco que no empieza ni termina (se habita)
Hay algo que descoloca desde el principio: “Lumen Novum” no funciona como un álbum tradicional. Está concebido como una suite de siete movimientos que forman una estructura circular, una especie de rueda en la que todo está conectado.
Eso significa que no hay un principio claro ni un final definitivo. Depende de dónde entres, la historia cambia. Y eso, en un mundo de playlists rápidas, se siente casi como un acto de rebeldía.
A nivel sonoro, la propuesta mezcla electrónica experimental con tradición sacra, creando un espacio donde conviven capas atmosféricas, texturas casi litúrgicas y una sensibilidad muy cuidada en el detalle.
¿A qué suena “Lumen Novum”? A algo entre una banda sonora, una misa contemporánea y una pieza de arte sonoro. No es fácil de explicar… pero sí fácil de sentir.
La Arúspice: el corazón simbólico del proyecto
En el centro de todo aparece una figura clave: la Arúspice.
Inspirada en la tradición etrusca, este alter ego funciona como mediadora entre lo visible y lo invisible. No es una profeta al uso, sino alguien que interpreta señales, que traduce lo material en significado.
- Lo femenino como eje narrativo
- El sacrificio entendido como transformación
- El oráculo como espejo de identidad
Todo esto construye un universo donde la música no está sola: hay una fábula, un imaginario, un lenguaje que mezcla latín y castellano… como si cada elemento fuera parte de un mismo sistema.
¿Por qué este concepto puede conectar tanto? Porque, aunque suene complejo, en el fondo habla de algo muy humano: intentar entender quién eres en medio de todo el ruido.
“Stella Mea”: el momento más intenso
Dentro de este universo, hay una pieza que destaca especialmente: “Stella Mea”.
Y aquí Alicia Nurho se mete en un terreno delicado: la maternidad. Pero no desde un lugar cómodo, sino desde una idea muy potente que ella misma define como la “maternidad de Schrödinger”.
Una paradoja en la que la maternidad puede ser a la vez creadora y destructiva, capaz de darte sentido… o de diluirte por completo.
No es una canción que te dé respuestas. Es de las que te deja pensando después.
¿Qué hace especial a este track? Que no intenta posicionarse. Te obliga a convivir con la contradicción. Y eso, hoy en día, es bastante valiente.
Más que un disco: un dispositivo artístico
Hay un punto donde todo encaja: cuando entiendes que “Lumen Novum” no es solo música.
Está pensado como un dispositivo escénico, un espacio donde concierto, ritual y arte vivo se cruzan. Como si cada directo fuera una extensión natural del disco.
Y aquí hay un detalle clave: Alicia Nurho se encarga de todo el proceso creativo. Composición, producción, concepto… todo pasa por ella.
“Un ecosistema artístico donde música, pensamiento y artes escénicas convergen para formular nuevas preguntas sobre lo sagrado, el lenguaje y el lugar de la voz femenina en la creación contemporánea”.
Eso le da una coherencia brutal. No hay piezas sueltas. Todo forma parte del mismo lenguaje.
Quién está detrás de todo esto
Alicia Nurho no llega de la nada. Su formación en violín clásico y su recorrido como música de estudio le dan una base muy sólida. Pero lo interesante es el giro que ha hecho.
Después de años explorando distintos caminos (desde colaboraciones con artistas hasta proyectos escénicos), decide construir su propio universo. Y ahí aparece algo muy personal: su diagnóstico de TDAH, que ella misma describe como una puerta hacia una forma de creación más libre, más intuitiva.
¿Por qué su enfoque es diferente? Porque no intenta encajar en ningún género. Y eso se nota en cada decisión.
Conclusión
“Lumen Novum” no es un disco fácil… pero tampoco lo pretende.
Personalmente, me dejó con esa sensación de estar delante de algo que no necesitas entender del todo para que te toque. Como cuando entras en un sitio nuevo y no sabes muy bien qué está pasando… pero sabes que quieres quedarte un rato más.
Si buscas algo diferente, algo que te saque un poco de lo de siempre, este viaje merece la pena.
Eso sí: entra sin prisa. Aquí no hay atajos.




