Kitai llegan a esta conversación con la sensación de quien ha tenido que volver a aprender a mirarse al espejo. Después de años viviendo el rock como una forma de resistencia —salas, furgoneta, sudor, récords imposibles y esa bandera de “obreros del rock”— la banda se encontró con una pregunta difícil: qué queda de un grupo cuando una parte importante se marcha y el silencio empieza a ocupar la habitación.
Con El Bar de Siempre, su primer disco con Kenya Saiz al frente, Kitai no parecen querer borrar su pasado, sino sentarse con él, pedir otra ronda y entender qué heridas también pueden convertirse en canciones.
Hablamos con ellos no solo de una nueva etapa, sino de miedo, amor libre, pertenencia, contradicciones, supervivencia y de esa extraña fe que hace que una banda decida seguir cuando lo más fácil habría sido apagar las luces.
Después de todo lo vivido estos últimos años, ¿cómo estáis de verdad ahora mismo, más allá de la promo, los escenarios y las entrevistas?
Fabio — Nos encontramos en un punto muy dulce en la banda, donde, gracias a la madurez y experiencia de estos años pasados, tenemos claro hacia dónde vamos y, a la vez, con energía renovada, sobre todo por la incorporación de nuestra compañera Kenya a la formación. Nos encontramos muy felices por la salida de nuestro nuevo álbum, en el cual hemos estado trabajando cerca de dos años, y también porque empezamos ya la gira de verano, ¡tenemos muchísimas ganas de presentar las nuevas canciones en directo!
El Bar de Siempre suena casi como un lugar al que volver cuando todo se tambalea. ¿Qué representa para vosotros ese “bar de siempre” en lo emocional?
Deiv — El Bar De Siempre para nosotros es la bandera de Kitai. Representa quiénes somos y muchas de las vivencias que hemos experimentado estos últimos años. Es el sitio a donde volver, el bar donde te reunes con tus colegas y sientes que todo sigue igual, por mucho cambio que haya habido alrededor en tu vida, trabajo, etc. Un lugar donde estamos a gusto, con los nuestros, cantando las de siempre y contando lo que nos pasa para desahogarnos.
La composición de este disco ha tenido gran peso emocional porque, como decimos, es bastante autobiográfico y volcamos nuestros sentimientos en cada canción. Ha sido una catarsis emocional bastante reconfortante.
Kenya, tú llegas a una banda con mucha historia, mucha identidad y mucho ruido alrededor. ¿Qué fue lo primero que sentiste al entrar en ese universo KITAI: vértigo, ilusión, miedo, ganas de romperlo todo?
Kenya — Si te soy sincera, Kitai ha supuesto un gran cambio en mi vida, yo estaba viviendo en México y cuando me llamó Deiv y me contó la situación, me dio ese vértigo, esa sensación que te da en el estómago y que te hace plantearte «y si sale bien?» y… ¡aquí estamos! Jajaja. Nos llevamos muy bien y, sobre todo, nos entendemos muy bien en directo. Tenemos las mismas energías y sensaciones cuando nos subimos a un escenario. Echando la vista atrás, ha pasado todo muy rápido y nos queda mucho que decir y cantar todavía.
Para Edu, Fabio y Deiv: ¿qué os hizo sentir que Kenya no era solo “una nueva cantante”, sino alguien capaz de abrir otra puerta dentro de la banda?
Edu — Justo lo que ha dicho Kenya antes. Creo que tenemos la misma filosofía de entender el proyecto. Nosotros siempre decimos «go hard or go home» y hasta día de hoy es una forma de vida que nos ha funcionado con la banda. Kenya también comparte dicha filosofía y, gracias a eso, hemos encontrado un vínculo que ha creado una fuerte unión entre nosotros.
Inevitablemente la entrada de un nuevo miembro a la banda supone un aire fresco, y más si se trata de alguien tan enérgica como Kenya. Gracias a su llegada también hemos podido explorar nuevos caminos dentro de las canciones y estamos super contentos con el resultado.
En esta nueva etapa habláis mucho de no rendirse. Pero muchas veces la resistencia también cansa. ¿Qué parte de seguir peleando por KITAI os ha costado más aceptar?
Deiv — A veces cuesta aceptar, asumir, que el éxito no siempre se presenta en forma de números. Puede que no sea tan tangible como lo podíamos imaginar cuando comienzas un proyecto (y eres más joven jeje). Pero conforme creces, tanto personal como artísticamente, te das cuenta de lo que es – o por lo menos para nosotros – el verdadero éxito: disfrutar del camino. Tenemos la suerte de poder dedicarnos a la profesión más bonita del mundo y, aunque parezca increíble, muchas veces no somos capaces de disfrutar justo el momento que estamos viviendo. Ser conscientes de esto nos ha llevado unos cuantos años y, cada vez más, somos capaces de disfrutar. Quizá esa ha sido la parte más dura del camino de Kitai.
Vuestra historia tiene algo muy de película: financiar un disco jugando a la Play, tocar 24 horas seguidas, subiros a un globo… ¿Cuál de todas esas locuras os hace pensar: “no sé cómo sobrevivimos a aquello”?
Fabio — La segunda vez que nos subimos a un globo casi no sobrevivimos, jajajaja, ahí sí que verdaderamente lo pensamos en el sentido más literal de la frase. Ha sido un camino largo y con muchos baches, lleno de cosas divertidas como las que comentas. Yo creo que, en el arte en general, el mayor motor que tiene uno es la pasión. Con la pasión y las ganas no hay nada que te pare (por muy Mr Wonderful que pueda sonar), y esos dos elementos los hemos desbordado por los cuatro costados los Kitai desde el principio.
Durante años habéis defendido esa idea de “obreros del rock”. ¿Qué significa hoy para vosotros, cuando la industria parece pedir espectáculo constante para que una banda siga existiendo?
Deiv — Obreros del rock es el lema de nuestra banda. Nuestro estandarte. Es la filosofía DIY con la que hemos funcionado desde el comienzo del proyecto. «Que no hay pasta? Ponemos vinos y somos camareros», «Que para conseguir entrar en este festival hay que hacer un concurso de no sé qué historias? Lo hacemos como si no hubiese mañana». Es nuestra manera de hacer las cosas. Pocos recursos pero un gran sueño. Como dice Kenya muchas veces, nuestro leivmotiv de «1 euro, 1 sueño».
El amor te da miedo os llevó al Benidorm Fest y también abrió una conversación más grande que la propia canción. ¿Qué pasó por vuestro cuerpo cuando visteis que ese mensaje había tocado una fibra tan sensible?
Kenya — Es una canción bastante transversal con la que, de alguna forma, todo el mundo se va a sentir identificadx alguna vez. Viendo la repercusión que ha tenido nos sentimos bastante halagados de que haya llegado a tanta gente y que nos haya abrazado tal cantidad de público. La satisfacción que sentimos al leer mensajes de gente que nos da las gracias por exteriorizar un tema tan recurrente es indescriptible, no le podemos poner palabras a algo tan guay.
Kenya, cuando dijiste aquello de que “el amor no os dé miedo”, sonó muy vivido. ¿De dónde nace esa frase en ti?
Kenya — Como decíamos antes, la canción trata un sentimiento que prácticamente todas las personas hemos tenido alguna vez en nuestra vida. Nació de una conversación que tuvimos Deiv y yo en el local una vez, cuando nos estábamos sentando a componer y dijimos «joder, esto puede molar para una canción».
Venís de una banda muy física, muy de directo, muy de contacto con la gente. ¿Qué os ha enseñado el público en los momentos en los que vosotros quizá no estabais tan seguros de seguir?
Edu — Igual sonamos muy repetitivos y, puede que incluso lo que voy a decir sea cliché, pero tenemos la mejor fanbase del mundo. No la cambiaríamos por nada. Siempre nos han mostrado su apoyo, incluso en los momentos más difíciles como fue la marcha de Alex, el anterior cantante, de la banda. Estamos super orgullosos de haber creado esta comunidad tan sana de gente que disfruta de nuestra música y que se siente identificada con ella.
Como anécdota, y siempre lo ponemos de ejemplo, nosotros pensábamos que el cambio de la voz, que la nueva incorporación de Kenya, quizá fuese un cambio que a la gente que nos sigue de siempre le costase asumir y aceptar y para nada fue así. De hecho todo el mundo estaba encantadísimo y la recibieron con los brazos muy abiertos. Pasa que, y como muestra de que tenemos la mejor fanbase del mundo, una persona una vez nos escribió un mensaje en redes que decía algo como «oye, con todo el cariño y respeto del mundo, me vibraba más el kitai de antes, así que hasta aquí mi camino con vosotros, os deseo toda la suerte del mundo con la nueva formación» y esto para nosotros fue algo super guay, ya que no todo tiene que ser bueno, pero es una muestra clara de cómo poder expresar algo que sientes de manera sana y sincera.
Me interesa mucho la contradicción humana, no como reproche, sino como algo real: antes decíais que no queríais ganar Eurovisión y luego acabasteis en Benidorm Fest. ¿Cómo habéis vivido vosotros esa tensión entre mantenerse fieles y aprovechar una oportunidad enorme?
Kenya — Kitai siempre ha sido una banda de hacer muchas locuras, de hacer cosas inesperadas que, dentro de este mundillo, se podría catalogar como «joder, eso es muy Kitai eh?». Cuando estábamos haciendo este nuevo disco, aparte de estar pensando en el arte, en el concepto, letras, etc, se nos pasaba constantemente por la cabeza la idea de «ok, qué hacemos este año para causar un poquito de revuelo» (nos gusta darle ese toque picante a las cosas que hacemos) hasta que llegamos al punto de que alguien dijo «lo tengo! Vamos a presentarnos al Benidorm Fest» y fue algo como que al principio no cuajó mucho, pero a lo largo de las semanas iba cogiendo mucha fuerza.
Ahora visto con perspectiva ha sido una decisión de la cual no nos arrepentimos, donde hemos aprendido mucho, nos ha tratado increíblemente bien todo el equipo de TVE y hemos disfrutado muchísimo durante todo el proceso.
Si pudierais sentaros con los KITAI de 2012, esos que estaban empezando en Madrid sin saber todo lo que venía, ¿qué les diríais para que no se rompieran por el camino?
Fabio — Que disfruten de cada momento, de cada sala, cada disco, cada viaje hacia una nueva ciudad que antes no conocían. Creo que eso, junto a que tengan paciencia, son los mejores consejos que les podría dar.
Después de este renacimiento, ¿qué os gustaría que la gente entendiera de KITAI más allá del ruido, la provocación o los titulares?
Edu — Que somos una banda que tiene energía renovada, con mucho que contar y mucho que decir en los directos, que vengan a vernos a las salas, a los festivales y escuchen nuestra música, a ver si les vibra algo de lo que cantamos. Queda mucho Kitai y esperamos colarnos en muchas casas.
Para cerrar con algo más luminoso: en medio de tanto viaje, tanta intensidad y tanta pelea, ¿qué pequeñas cosas cotidianas os salva un mal día?
Deiv — Puede sonar a típico, pero la música misma. Descubrir canciones. El deporte nos encanta y nos salva de esos momentos donde no puedes más. La lectura, las películas y la naturaleza. La verdad es que tenemos muchos hobbies que disfrutamos mucho y hacen que nuestros días no tan buenos sean un poquito mejor.




