Después de dos discos grabados en Londres con Liam Watson —el mismo productor que firmó el inolvidable Elephant de The White Stripes—, Howlin’ Jaws tenía dos opciones obvias: repetir la fórmula o coger un año sabático. Hicieron ninguna de las dos cosas. El trío parisino se construyó su propio estudio en el distrito XI de París, Studio Griset, y desde ahí viajó hasta Gotemburgo, Suecia, para grabar Living The Dream, su tercer álbum, que llega este viernes 2 de octubre a través de Bellevue Music.
Once canciones que expanden el universo de Baptiste Leon, Djivan Abkarian y Lucas Humbert hacia la psicodelia, el pop, la música disco, el country y la French Touch, con producción de Kalle Gustafsson Jerneholm —bajista de The Soundtrack of Our Lives y productor de Foals, The Hives, José González o Junip—.
De la tortilla al boeuf bourguignon
La propia banda resume el salto que supone este disco frente al anterior, Half Asleep Half Awake (2023), con una metáfora tan sencilla como precisa:
«Es como cocinar una tortilla y un boeuf bourguignon.»
El cambio no fue solo de cocina, sino también de método: en el nuevo Studio Griset empezaron a trabajar con claqueta por primera vez, cortando y moviendo partes, grabando bucles y construyendo atmósferas de una forma mucho más libre que por pura intuición. Y cuando llegó el momento de pulir esas ideas, decidieron alejarse deliberadamente de todo lo conocido: «Queríamos probar algo diferente, salir de nuestro entorno y enfrentarnos a otra manera de trabajar».
Semanas aislados junto a la consola de Bowie
Ese «otro entorno» fue el Svenska Grammofon Studion, un estudio residencial sueco presidido por una histórica consola Neve 8048 que ya había usado David Bowie. Allí, bajo la mirada minuciosa de Jerneholm, la banda grabó muchas más tomas de las habituales para tener margen en la mezcla: si con Watson trabajaban a sprints, con Jerneholm el proceso se pareció más a correr una maratón.
El resultado se nota en la amplitud del disco: el espíritu disco sobrevuela «Terminal Buzz», el country se cuela en «Sunset Laundromat», y la explosiva «Maximum Speed» recuerda por momentos a la energía desbordante de King Gizzard & The Lizard Wizard. El omnichord aparece en la hipnótica «Miss You», el mellotron envuelve de melancolía «Up On The Roof», y el disco se abre con «Time Has Come», entre capas de teclados cósmicos que invitan a la introspección desde el primer segundo.
Duelo y ruptura convertidos en himnos
Líricamente, Living The Dream tiene un don particular: convertir el dolor en algo luminoso sin banalizarlo. «Troubled Mind» transforma el duelo en himno; «Do What You Gonna Do» y «So Sorry» hacen lo mismo con una ruptura. Y la canción que da título al disco, «Living The Dream», esconde bajo su aparente ligereza una de las letras más mordaces e irónicas de todo el álbum. El cierre llega con «That Kind of Pain», que mira hacia la sensibilidad más melódica de la French Touch —con ecos de Air— y deja que las cuerdas de la Orquesta Filarmónica de Estocolmo cierren el disco con una melancolía elegante.
Entre disco y disco, Howlin’ Jaws también compuso la música de Électre des bas-fonds, obra dirigida por Simon Abkarian que se llevó tres premios Molière y dos del Sindicato de la Crítica francés, uno de ellos a Mejor Compositor de Música Escénica para la propia banda. Un dato que explica bastante bien por qué un trío de garage-psych puede permitirse experimentar con una orquesta filarmónica sin que suene forzado.
- Álbum: Living The Dream, tercer disco de Howlin’ Jaws, 2 de octubre (Bellevue Music)
- 11 canciones, producidas por Kalle Gustafsson Jerneholm en Gotemburgo, Suecia
- Adelantos: «Living The Dream», «Troubled Mind», «Maximum Speed» — focus track: «Miss You»
- Discografía previa: Burning House (EP, 2018), Strange Effect (2021), Half Asleep Half Awake (2023)
- Concierto en España: 28 de noviembre, Santiago de Compostela, con The Sadies (Outono Códax Festival)
Pocas bandas se atreven a cambiar de estudio, de país, de método y de referentes al mismo tiempo en su tercer disco, y menos aún salen airosas del intento. Living The Dream demuestra que a Howlin’ Jaws les sienta bien la incomodidad.




