Zulviem: el disco en el que Andrés Iwasaki se mira en el espejo del mar

Hay un instante muy concreto en la playa: la ola se retira, la arena queda mojada un segundo y, durante ese segundo, refleja el cielo entero. Andrés Iwasaki vio eso una tarde en Chiclana y decidió que ese fenómeno necesitaba una palabra propia, porque ninguna de las que existían le servía. Así nació «Zulviem», el nombre inventado que da título a su primer álbum de larga duración y que ahora, cinco meses después de su publicación, sigue sonando en salas de toda España.

De concursante de La Voz a autor de su propio universo

Antes de Zulviem hubo un camino de años. Andrés Iwasaki se dio a conocer en 2019 como concursante de La Voz España, donde llegó hasta las batallas finales, y usó ese impulso para financiar por crowdfunding su primer EP, «Al margen de ojalá», que hoy roza los dos millones de reproducciones en Spotify. Le siguió «Un cadáver exquisito», un EP producido a cuatro manos —o más bien ocho, entre Gisun, Paula Sofía, Jorge Castaño y Shadday López— que ya anunciaba a un artista cómodo saltando entre sonoridades.

Entre medias, Iwasaki ha sido teclista de Los Kevinbacon, la mitad del dúo Wasi Tupuy y colaborador en proyectos como Sendero, de Shadday López. Un perfil de músico de banda ancha que explica por qué Zulviem no suena a un solo género: tiene tanto de canción de autor —con ecos de Jorge Drexler o Rozalén— como de pop y de folclore latinoamericano, sin que ninguna de las tres cosas pese más que las otras.

¿Qué significa Zulviem y por qué ha tardado cinco años en llegar?

Zulviem no es solo un título bonito: es el hilo conductor de las once canciones del disco. El propio Iwasaki lo resume como el espejo fugaz que deja una ola al retirarse, y a partir de ahí construye un álbum sobre el diálogo entre el Andrés de 2020 —cuando empezó a componer estos temas— y el de 2026, que los termina de cerrar. Cinco años de composición y tres de estudio, con la producción de Edu Molina, dan como resultado un disco que no tenía prisa por salir: varias canciones llevaban con él casi siete años antes de encontrar su forma final.

Esa manera de trabajar, dejando reposar las canciones en vez de forzarlas, se nota en el resultado: temas más introspectivos como «Zulviem» u «Ojos tierra» conviven con otros de tono más luminoso como «Estoy aquí» o «Conjuro para el mal de guerra», el primer single del disco. Es un álbum que no busca un solo estado de ánimo, sino que te deja elegir cuál necesitas escuchar según el día.

Un disco distinto cuando se escucha en directo

Zulviem lleva desde febrero rodando por salas españolas —Elche, Madrid, Burgos, Granada, València, Málaga, Cádiz— y el próximo 16 de julio para en el Museo Pérez Comendador de Hervás, antes de un concierto en el Alcázar de Sevilla en agosto. Y si algo repiten quienes ya lo han visto en directo es que el disco cambia de piel sobre el escenario: se vuelve más íntimo, más físico, más cercano a lo que Iwasaki quería contar cuando empezó a escribirlo.

Lo escuché primero en el disco y luego en un directo, y es verdad que son casi dos experiencias distintas: en el estudio el reflejo es una idea, en la sala se convierte en algo que pasa entre el escenario y el público en tiempo real. Ese tipo de canciones que necesitan el cuerpo a cuerpo del concierto para terminar de explicarse son las que más me interesan últimamente, y Zulviem es un ejemplo claro.

  • Primer álbum de larga duración de Andrés Iwasaki, publicado el 20 de febrero de 2026
  • 11 canciones, producidas por Edu Molina
  • Precedido por los EP «Al margen de ojalá» (2020) y «Un cadáver exquisito»
  • Gira de presentación: Elche, Madrid, Burgos, Granada, València, Málaga, Cádiz, Hervás (16 de julio) y Sevilla (14 de agosto)
  • Reconocimientos previos: finalista del Certamen Azaútor y los Premios Madroño, ganador del certamen de cantautores de Elche en 2024

Andrés Iwasaki lleva desde 2024 su carrera gestionada por Basik Music, y aunque Zulviem ya lleva meses en la calle, todavía le quedan citas por delante para presentarlo en directo. Si te gustan los discos que necesitan tiempo para hacerse (y para escucharse), este es de esos.

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